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DÍA 29: ¿UNA HUELGA O UNA ESTAFA?

by en marzo 25, 2012

Desde que comenzó la actual crisis económica en el año 2008, en la opinión pública española han venido sucediéndose una serie de fenómenos y transformaciones que, en líneas generales, se han traducido en un descontento general de la ciudadanía hacía la clase política (independientemente de la preferencia de partido) y a la banca, como responsables de la ominosa crisis que el ciudadano de a pie sufre más que nadie. Ante esto, enseguida proclamaron las voces de los primeros espadas de la política local, regional y nacional que de la misma tendríamos que salir entre todos, con trabajo y voluntarioso sacrificio.

Se han criticado duramente en los últimos tiempos los privilegios que todavía perduran en la clase política y financiera, y que no tienen visos de mermarse ni un ápice, pero quizá no se ha hablado lo suficiente de los privilegios en manos de los sindicatos mayoritarios UGT y CCOO que son, en definitiva, los que comandan y convocan la huelga general del próximo día 29. Hay que recordar que otros sindicatos de menor tamaño como pueden ser ANPE o CSIF no son copartícipes de dicha convocatoria.

El primero de los privilegios de estos dos grupos sindicales es que no están obligados a vivir de las cuotas de sus afiliados percibiendo la mayor parte de sus ingresos del erario público, bien sea en forma de financiación directa, reducida hace unas semanas en un 20% por el actual gobierno, o a través de los famosos cursos de formación para los trabajadores. ¿Qué garantías pueden esperarse de unos sindicatos que así se financian? ¿Creen que pueden defender los intereses de los trabajadores con libertad e independencia cuando es la clase política la que llena sus alhacenas? En el caso de la UGT fundada en el año 1888 por miembros del PSOE y dado el nombre por el propio Pablo Iglesias la afinidad es llevada al paroxismo.

El segundo de los privilegios está relacionado con la llamada negociación colectiva sectorial, de facto, la herramienta que los convierte en todopoderosos hacedores de la cosa. Un modelo de negociación colectiva que se remonta a los años del franquismo, obsoleto y desfasado, herencia del sindicalismo vertical y que obliga a que los protagonistas siempre sean los mismos. El gobierno ha apostado en su reforma laboral por el convenio colectivo de empresa, en base a la idea de que la flexibilización reducirá la destrucción de empleo y el cierre de empresas. Claramente, esto merma el poder de los mayoritarios. El servicio de estudios del Banco de España sostiene que los descuelgues salariales y la descentralización de la negociación colectiva hubieran evitado alrededor de un millón de despidos.

El tercero de los privilegios es el de la propia Ley 49/2002 una de las que ampara el régimen de funcionamiento sindical, en la que curiosamente fueron metidos, los sindicatos, en un mismo saco junto con las patronales, fundaciones, asociaciones privadas, partidos políticos, ONG´S e instituciones religiosas en base a la supuesta inexistencia del ánimo de lucro y a la utilidad pública de dichas instituciones. Para echarse a llorar. Mientras al trabajador y al autónomo no se le perdona un euro, ellos quedan exentos de liquidar los impuestos que gravan la actividad económica: un sindicato puede prestar servicios de asesoría, vender productos o realizar cualquier otra actividad económica sin pagar impuestos, a condición de que el importe total de lo ingresado por tales actividades no exceda del 40% de sus ingresos totales. Teniendo en cuenta las abundantes subvenciones que reciben, resulta evidente que la Hacienda Pública no recibe ni un solo euro por las actividades mercantiles de este tipo de entidades. Sí, ha leído bien, los sindicatos, asociaciones de trabajadores nacidas para defender los derechos de los trabajadores en el siglo XIX, pueden realizar todo tipo de actividades mercantiles.

Los sindicatos no pagan el IBI ni el impuesto de sociedades; perciben millones de euros en forma de rendimientos derivados de sus inversiones financieras; sus dirigentes cobran sueldos millonarios, directamente por su cargo en el sindicato o en sociedades dependientes, o por su puesto en el consejo de administración de las cajas de ahorros; Los dirigentes sindicales tienen chófer, coche oficial y comen en restaurantes caros a costa del dinero del contribuyente. Como los políticos, también “tiran” de visa oro a cargo del erario público. Estos, los menos, están acompañados por los más: los liberados, que por su abundancia quedan “liberados” de la onerosa carga de tener que trabajar. Los sindicatos mayoritarios en definitiva, forman parte de esa casta política y financiera que nos ha llevado a la actual situación de crisis económica, política, social y estructural.

Ante este panorama un servidor piensa que la huelga convocada el día 29 es más una huelga para defender los privilegios de los sindicatos que una huelga para defender los derechos de los trabajadores. Una huelga política en definitiva, con la que UGT y CCOO pretenden generar la tensión social necesaria para evitar la merma de sus privilegios.

El que les habla, el próximo día 29, irá a trabajar.

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From → ACTUALIDAD, POLÍTICA

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